De empresas y empresarios

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La tecnología como parte de la Estrategia de la empresa

Este artículo no está dirigido a tecnólogos sino a los líderes de las empresas sea cual fuere la especialidad de ellos. En realidad, la única especialidad requerida para abordar este artículo es la de saber hacer crecer una empresa.

Hasta hace unos pocos años la elección de tecnología quedaba en manos de los departamentos de Ingeniería y Mantenimiento. Hoy es necesario que la alta gerencia se involucre en esta selección. El impacto de la tecnología en el logro de los objetivos de la empresa es cada vez mayor. Y no se trata solo de la tecnología informática (TI) sino también de la tecnología de automatización (TA). Este artículo muestra la creciente necesidad de mover estas decisiones hasta los niveles más altos de la empresa.

Quizás ya hayan leído acerca de cómo los ojos de la dirección de las empresas, se fueron desplazando a lo largo de la historia sobre distintos departamentos. Inicialmente, cuando la demanda por productos era muy alta, los ojos se posaron sobre el departamento de Producción, ya que todo lo que se producía era vendido y por lo tanto, más producción significaba más ventas. Luego la oferta y la demanda comenzaron a balancearse y los ojos se posaron sobre Ventas. Más tarde la competencia fue cada vez mayor y fue Marketing quien debía generar la demanda, creando y diversificando

Y así llegamos a nuestros días donde la situación no es tan simple y demanda una interacción coordinada entre todos los equipos de la organización a fin de llegar a buen puerto. Así es como Marketing diversifica líneas y crea nuevos productos, Ventas genera estrategias para llevarlos al mercado lo más pronto posible, Finanzas busca optimizar los costos de cada actividad. Podemos decir que hoy, más que nunca todos se alinean a la estrategia de la empresa. Por supuesto, que el departamento de producción también. Pero, ¿y el área de tecnología? ¿Podemos afirmar que también está alineada? ¿Podemos asegurar que el nivel C de la empresa (CEO, CFO) está involucrado?

Algunos análisis realizados en los últimos años, indican que no del todo. La mayoría de las empresas tienen hoy en su nivel C un CIO es decir alguien que se ocupa de la parte de información de la empresa, entendiéndose que el alcance de esta área va desde las comunicaciones hasta todos los sistemas informáticos incluyendo software y hardware. Esto es incluso extensivo a las PYMES donde si bien no existe el cargo formal existe alguien que se encarga de esto. Incluso cuando se trata del sistema informático principal de la empresa (ERP), los demás directivos también se involucran en las decisiones.

Pero, ¿esto alcanza? ¿Es suficiente para lograr los máximos resultados?

Veamos primero, un análisis “top-down”. Supongamos que ya hemos elegido un sistema de gestión. Supongamos también que en la elección del mismo se ha involucrado la alta dirección de la empresa. Entendemos aquí por alta dirección al equipo que toma las direcciones de rumbo de la empresa ya sea el directorio en una S.A. o los dueños en una empresa familiar.

Este sistema de gestión se ha elegido conforme a las necesidades de la empresa y la información que de él se extrae está conforme a la estrategia de la empresa. Por ejemplo, si la empresa está orientada a diferenciarse por altos estándares de calidad, el sistema tendrá tableros de comando que midan los datos relacionados a calidad.

Ahora bien, estos reportes que el sistema de gestión entrega, se nutren de datos que el sistema de gestión recibe. Lo que pasa en la planta, ¿está conectado con el sistema? ¿Los datos son confiables? ¿Cómo se generan esos datos? Una premisa básica de todo sistema que produce reportes es que estos son tan buenos como los datos de los que se nutre. Un estudio de PwC indica que “solo una de cada tres compañías están muy confiadas de la calidad de sus propios datos”.

Esto significa que es necesario algo más que un buen sistema de gestión para que este de buenos resultados. Más adelante veremos qué se puede hacer para solucionar esta situación.

Hagamos ahora el análisis desde abajo hacia arriba. Vamos a la planta de producción.

Hasta hace algunos años la premisa y el objetivo final en términos de tecnología era automatizar. Una planta automática podía brindar muchos beneficios en términos de mayor velocidad de producción. De allí que los equipos técnicos de la planta (Ingeniería y Mantenimiento) fueron implementando en la mayoría de las plantas distintos grados de automatización de sus procesos productivos.

Nuevamente surgen aquí una serie de preguntas: ¿se involucró la alta dirección en las decisiones? ¿Analizaron los equipos técnicos la estrategia de la empresa para definir cómo automatizar? ¿O la decisión se tomó solo por las características técnicas de los sistemas? ¿Se tuvo en cuenta los objetivos de negocio?

En general, después de algunos análisis y encuestas realizados, podemos concluir que las decisiones de automatización en la mayoría de los casos se toman por motivos puramente tecnológicos sin considerar las necesidades del negocio y sin un involucramiento de la alta dirección.

En síntesis, tanto el análisis desde arriba como desde abajo dan un resultado similar: la dirección de la empresa decide una inversión tecnológica al implementar un sistema de gestión para alinear todas las áreas del negocio pero deja librado al azar una parte importante de esta inversión: alinear la producción al negocio.

Conclusión

Mencionamos antes que automatizar era un objetivo importante en una planta hace algunos años. En el siglo 21 automatizar es el punto de partida. Ya no da una ventaja competitiva a ninguna empresa. La ventaja competitiva se alcanza alineando esa inversión a todo el resto de la empresa.

Para aclararlo veamos un ejemplo. Imaginemos una empresa cuya ventaja competitiva es la de diversificar líneas teniendo una gran variedad de productos que se adapta a muchos segmentos distintos de mercado. Su planta de producción debe ser altamente flexible. Entonces su sistema de automatización y todos los sistemas de información deben estar en esa misma línea. Debe ser capaz de cambiar lo que se está produciendo en una línea lo más rápido posible. Debe ser capaz de reportar todo eso en forma continua al sistema de gestión.

La mayoría de los sistemas de automatización pueden hacer eso. El secreto está en poder implementarlos del modo correcto. Seleccionar las características que mejor se adapten para ello. Y, lo más importante, capacitar a los usuarios para el cambio

Para ello es importante que la alta dirección se involucre dando los lineamientos necesarios según la estrategia de negocios

De lo contrario solo se tendrá una planta automática, cuando, con la misma inversión se podría tener una planta inteligente

Fuente: Negocios

Artículo de: Marcelo Petrelli (Buenos Aires)

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