Consejos en la construcción

La falta de llenado de los cabezales de las columnas produce debilidad estructural en el nudo viga – columna – losa.  Esta situación se genera si no se tiene en cuenta que el hormigón es una mezcla con gran contenido de agua y que se asienta por gravedad, picado o vibrado.
Como al hormigón le cuesta colarse entre los hierros, a veces no alcanza a llenar todos los espacios en las uniones estructurales.  Esto sucede especialmente si se utiliza una pasta seca (con baja proporción de agua respecto del cemento) para que el hormigón sea más resistente. Esta decisión, que no es del todo incorrecta, más de una vez provoca problemas.

Los agujeros en el hormigón, entonces, aparecen sobre todo en los cabezales de las vigas y su unión con las columnas y, en general, en todos los puntos donde hay mucho entrecruzamiento de hierros. Esas oquedades se denominan “nidos de abeja”, cuando no superan los 15 milímetros de diámetro y “coqueras”, cuando tienen el tamaño de un puño. Estas imperfecciones pueden dejar a veces hierros a la vista.

Nidos de abeja

Si bien no comprometen la estructura, es conveniente no menospreciarlos porque constituyen una puerta de entrada para el agua y el anhídrido carbónico del ambiente. Este último produce la carbonatación del hierro, que entonces se oxida, se corroe y aumenta de volumen hasta romper el recubrimiento de hormigón. Cuando la construcción está ubicada en un ambiente donde la atmósfera tiene gran cantidad de ácidos (junto al mar o en zonas fabriles), éstos generan reacciones que corroen los hierros. Los desprendimientos de esquinas y del recubrimiento de las armaduras se debe a la existencia de aniones (como los cloruros) y a la aportación de agua y oxígeno que facilitan la aparición de corrientes de intensidad adecuada para que se produzca un par galvánico entre la armadura y su entorno.

Por otro lado, al producirse ataques de aguas ácidas que entran en contacto con la alúmina del cemento, se registra la formación de portlanditas que desagregan el hormigón.

En todos los casos, los nidos de abeja –y también, obviamente, las coqueras– son puntos por donde pueden ingresar agentes perjudiciales para la resistencia del hormigón. Para evitar estos problemas basta con rellenar el orificio con mortero de cemento, que no suple la función estructural del hormigón pero cierra el paso al agua y los agentes corrosivos. A la vez, conviene incorporar a la mezcla aditivos plásticos para facilitar el correcto llenado de los encofrados.

Coqueras

En este caso, los riesgos estructurales son mayores ya que puede suceder que una viga apoye sobre una columna afectada por esta patología y entonces su peso provocará un esfuerzo de corte sobre las armaduras desnudas. La solución adecuada para revertir esos defectos estructurales es aplicar bandas de fibra de carbono epoxi ligadas con adhesivos epoxídicos. Primero se debe picar el sector afectado hasta encontrar una masa firme. Luego, sopletear con arena a presión hasta que el hierro quede limpio. Entonces, se procede a embadurnar la zona con adhesivo epoxi bicomponente y se pegan las bandas hasta cubrir todo el hierro expuesto. Las bandas cumplen una función vinculante entre el hierro y el hormigón. Por último, se rellena el agujero con mortero de cemento.
Cuando la unión de viga y columna está tan comprometida que la solución anterior resulta insuficiente, se puede reforzar las uniones con platabandas pasantes de hierro. Para ello, hay que rellenar todo el pórtico (con ladrillos comunes o de hormigón) o apuntalar la viga comprometida desde el suelo con refuerzos estructurales. Estos pueden ser en forma de “V” o con cruces de San Andrés (de hormigón o con perfiles doble T).

En las obras es habitual la formación de nidos de abeja o coqueras por lo que debería tomarse como rutina una inspección minuciosa de la estructura desencofrada de manera de que, una vez localizadas las oquedades, puedan ser rellenadas rápidamente con mortero cementicio.

La forma de evitar estas patologías es usar vibradores internos o externos, picar, apisonar el hormigón o sacudir el encofrado con el hormigón adentro para compactarlo, aunque no demasiado para que no decante. Si quedan huecos de aire, aparecerán los nidos de abeja o coqueras que, justamente, se querían prevenir.

Fuente: Clarin.com

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